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Sex and Rock & Roll: el sexo en la música a través de los tiempos - Mundo DJ | Revista DONJUAN

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Sex and Rock & Roll

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El reguetón no se inventó las letras explícitas, desde hace siglos la música y el sexo hacen una excelente pareja.

Sería muy muy fácil llenar este artículo con letras de reguetón y de trap. Si la letra de La quemona (“Coja, toque, jale, chupe / Porque esto es tuyo papi para que te lo disfrutes”) alguna vez fue escandalosa, hoy, diez años después, existe un mar de música que haría sonrojar al difunto Hugh Hefner: “Me lo hace ricote / Me pone bellaco y hace que se note”, dice Está rico de Bad Bunny; “Fuimos a la cocina / luego terminamos en la piscina / Moviendo el culo, como una asesina / Como tragaba toda mi vitamina / Así me gusta una puta bien fina”, canta Nicky Jam en Privado. Y seguro ustedes también escucharon Cuatro babys...

Pero hablar de sexo en la música no es algo del siglo XXI y cualquiera que romantice las letras de los viejos tiempos lo único que revela es que en esos años lo único que escuchó fueron solo bandas cristianas. ¿Acaso los Red Hot Chili Peppers no estaban planeando una orgía cuando cantaron Party in your pussy y Depeche Mode no llenó su canción I want you now con fuertes gemidos que no dejaban ninguna duda de la intención?

En los ochenta ZZ Top cantaba en Pearl Necklace de una novia que quiere un “collar de perlas” haciendo una referencia casi explícita a una eyaculación, mientras que en los años setenta los Rolling Stones crearon toda una polémica racial cuando cantaron sobre el sabor del azúcar morena: “Brown sugar, ¿cómo es que sabes tan bien? / Brown sugar, como una chica negra debería saber”. Y mucho antes, desde Donna Summer en el pop hasta Bob Dylan en el folk y Los del Río con su éxito tropical Macarena —préstele atención a la letra— llenaron sus canciones con numerosas referencias sexuales.

El sexo, de hecho, siempre ha estado en las canciones, ya fueran en vinilo, en CD, en casete o en radio. Tal vez los músicos de los sesenta –y de antes– no podían ser tan explícitos como Maluma y Bad Bunny, pero sus metáforas y analogías tampoco eran difíciles de entender. Cuando en 1951, Connie Allen preguntaba “¿Te quieres montar en mi cohete 69?” en su canción Rocket 69, estamos casi seguros de que no estaba hablando de un cohete real; cuando Paul McCartney canta “¿Baby, quieres conducir mi auto?”, es evidente que no está buscando un chofer. ¿Y antes de eso? ¡No me hagan hablar de Richard Wagner y su ópera Tristán e Isolda! La ópera tiene líneas como: “Sin nombrarnos, sin separarnos, reconocernos de nuevo, inflamarnos de nuevo; por una eternidad sin fin, una sola consciencia: ¡supremo placer amoroso de pechos al rojo vivo!”. O con Cosi fan tutte, de Mozart, en la que dos hombres intentan seducir a la prometida del otro para probar su fidelidad, llegando incluso a intercambiar “prendas de su amor” como si fueran trofeos: tal vez estaban hablando de pantaletas, pero en el siglo XVIII estas letras podrían ser tan atrevidas como lo es hoy un buen reguetón.

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