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La seductora voz de Dominica Duque, reportera de La W - Chicas DJ | Revista DONJUAN

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La seductora voz de Dominica Duque

La seductora voz de Dominica Duque

Es una de las nuevas voces de la radio colombiana, trabajando en La W e investigando denuncias con su lado de reportera implacable. Para esta edición, nos muestra también su lado más sensual.

 La radio es engañosa.

Hace poco, cuando empezó a tomar clases de actuación en el taller de Victoria Hernández, un profesor del laboratorio de improvisación les dijo a ella y a sus compañeros que se presentaran. Todos lo hicieron, pero cuando ella dijo que era periodista en La W, el profesor la miró y le dijo:

–¡No le creo! ¿Usted es la misma Dominica del radio? ¡Yo me imaginaba una mujer muy seria, como de cuarenta años!

Todos estallaron en carcajadas. Sobre todo ella, que toda la vida ha sido una mujer que no para de hablar, de animar conversaciones y que se ríe de cualquier cosa, hasta de ella misma. “La que más se reía era una amiga mía a la que le ha tocado ver lo mismo en muchas ocasiones. Siempre me ven de otra manera: ‘¿De verdad eres Dominica? ¡Nunca me hubiera imaginado que fueras así!’”.

Nació en Medellín, ahora vive en Bogotá –todos los días a las seis de la mañana llega a W Radio–, pero cada vez que puede vuelve a su ciudad para ver a su papá, a su mamá y a su hermano.

Quería ser presentadora de televisión –todavía no se ha sacado esa idea de la cabeza–, pero en el 2015 llegó a W radio y desde entonces no se ha ido de las cabinas de la emisora. Estudió en un colegio en Medellín donde prácticamente todas las materias eran en inglés y además vivió en Londres, a los siete años, y en Vancouver, a los 16, por eso al principio traducía entrevistas con cantantes, directores de cine y deportistas para los programas de la tarde. Ahora es la encargada de investigar y producir los reportajes que surgen de las denuncias que hacen los oyentes de la emisora: fue ella, por ejemplo, la que hace unos meses logró volver a convertir en tendencia el escándalo de las cirugías plásticas que realizan médicos sin licencia en toda Colombia; fue ella, también –junto con Paula Bolívar–, la que investigó el año pasado el caso de los profesores de la Escuela de Artes y Letras que no recibían sus salarios, y fue ella la que hace apenas unas semanas habló del caso de un hombre en Ibagué que publicó en internet los videos de 17 mujeres –todas exparejas suyas– a las que grabó sin permiso teniendo sexo con él.

“Por eso piensan que soy superseria”, dice Dominica mientras se toma un vaso de agua. “Pero esa soy yo en la emisora, la Dominica periodista. Por fuera, soy relajada, tranquila y vivo muerta de la risa. Como ahora”.

Desde que entró a la universidad, en Medellín, empezó a modelar para marcas de ropa y vestidos de baño, pero también en pasarelas de eventos como Colombiamoda y Bogotá Fashion Week. Su trabajo como periodista no le permite estar con tanta frecuencia en las pasarelas, pero no deja de ir a tomarse fotos que después ella misma se encuentra en catálogos de ropa o de maquillaje.

Esta es Dominica Duque más allá de los micrófonos.

 

Usted es la que hace las denuncias que tienen que ver con maltrato, con violación a la intimidad, con derechos laborales… ¿Cómo es ese trabajo?

Por ejemplo, una de las denuncias más recientes fue sobre los peligros de hacerse cirugías plásticas con médicos generales que no son especialistas. Todo empezó con un correo que me mandaron: era el hijo de una señora de setenta años que había fallecido después de hacerse una lipectomía, y por eso el hijo culpaba al cirujano, que ni siquiera era cirujano plástico sino médico general. El médico nos dijo al aire que no había sido él el que había operado, pero como a los 15 días nos escribieron con el caso de otra mujer que se había muerto después de haberse operado con la misma persona.

Ahí empezó a escribir todo el mundo, y todo el equipo de La W comenzó a trabajar en el reportaje: hablamos con más de 20 mujeres y hombres que aseguraron haber sido operados por el médico y que quedaron con problemas de salud muy graves; con la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, con el Instituto Nacional de Salud, con el Ministerio de Salud… María Camila Díaz y Laura Palomino confirmaron con la Fiscalía que había varias denuncias formales en contra de este médico, y Diego Aguilar, uno de mis compañeros que cubre Bogotá, confirmó con la Secretaría de Salud que la persona no tenía permiso para realizar cirugías plásticas. Eso les dio muchísimo más peso a las denuncias.

Al final, concluimos que el problema es que no hay una ley que regule y reglamente las cirugías plásticas, precisamente porque muchas clínicas hacen lobby para que esa ley no pase. Estuvimos como 20 días hablando sobre eso: fue un tema del día en La W y se hizo todo un debate nacional.

A veces son reportajes muy complejos…

Uno puede llegar a hablar con más de treinta personas. Después de ponerse a hablar con la gente, uno encuentra pruebas y empieza a contrastar y a verificar. Además, se encuentra con cosas que no espera: con la denuncia de la Escuela de Artes y Letras, que hice con Paula Bolívar, revelamos cómo los recursos de la universidad terminaban invirtiéndose en fincas y en ganado, mientras que a los docentes y a los funcionarios no les pagaban. ¿Cómo es posible que los recursos que deberían ser para mejorar la educación y la infraestructura de la universidad se inviertan en eso?

¿Cuánto se demora en investigar una denuncia?

Hay unas que salen en el transcurso de la semana. Por ejemplo, el año pasado en La W abrimos un espacio para que hablaran las mujeres que se habían visto agredidas y llegó el caso de una estudiante de maestría de la Universidad Nacional: ella me mostró un video de su asesor haciéndole insinuaciones, cogiéndole la nalga, tratando de darle besos… Lo increíble es que después de hacer esta denuncia, hace apenas unas semanas, ¡lo ascendieron! También hay historias que se demoran más, dos semanas, veinte días, pero lo que sí pasa es que muchas veces el seguimiento que se les hace a las denuncias puede durar varios meses. Lo más difícil es que muchas veces uno tiene la denuncia lista, pero la víctima al final se arrepiente, o el denunciado dice que no quiere hablar. Eso es un problema porque la idea es que siempre salgan las historias completas.

Antes de la radio y del periodismo estuvo la moda. ¿Quería ser diseñadora?

Yo empecé a estudiar comunicación, pero paré la universidad porque me dio la obsesión de estudiar producción de moda en Buenos Aires. Desde chiquita me encantaba todo lo que pasaba en los desfiles y quería aprender de styling, pero hay una cosa que tengo que aceptar que no es mi fuerte y que no lo va a ser nunca: el dibujo. Un día me pusieron a hacer figurines y ese fue mi breaking point. Me acuerdo de que salía una modelo en ropa interior y el profesor nos dijo: “Píntenla”. No sabía ni por dónde empezar y después él me presionaba durante toda la clase porque mis dibujos eran solamente palos y círculos. ¡Es que yo todavía pinto así! El profesor decía: “No, no, por ahí no es”. Yo llegaba llorando a la casa. Fueron como dos meses de eso hasta que decidí devolverme a Medellín.

¿Cuál fue su primer contacto con la radio?

Me metí a la universidad con el objetivo claro de presentar, porque me encantan los medios y me encanta la televisión, pero en la mitad de la carrera me tocó una profesora superchévere de radio que se llama Amalia Londoño. De hecho, ella trabajó en la W Radio. Para mí, fue esa clase práctica en la que aprendí un montón y además tuve de ejemplo a esta mujer súper cool, joven, supertesa, que disfrutaba lo que hacía. Me acuerdo de que era un curso básico, donde te enseñaban a manejar la consola, a locutar para grabar un demo, a improvisar… Y me quedó gustando.

¿Cómo termina en W Radio?

Como quería ser presentadora, me puse a pasar hojas de vida en Teleantioquia, en Cablenoticias y también mandé un correo a W Radio, a una dirección genérica que me encontré en internet. Un par de horas después me llamaron: “¿Puedes venir a una entrevista en Bogotá?”. Yo acepté, pero a los 10 minutos volvieron a llamarme para que me encontrara con Fernando Palma, el director de la emisora, que estaba en Medellín. Dos semanas después estaba viviendo en Bogotá. Llegué a trabajar a Feliz regreso, con Félix de Bedout, y después a La hora del regreso, con Carlos Montoya y Rochi [Rosario Gómez]. Hacía la producción, las traducciones…

¿De todas las entrevistas que hizo en esa época, cuál fue la que más disfrutó?

La que me va a marcar toda la vida fue mi primera entrevista. No por chévere, sino porque me cogieron a quemarropa el primer día de trabajo y me pusieron a hacer la traducción de la noticia de un terremoto en Nepal. La persona con la que yo tenía que hablar en inglés tenía un acento que yo no entendía para nada y quedé muerta del pánico. Yo solamente miraba a Montoya con cara de que me rescatara, pero me tocó defenderme sola y contar lo que entendía, que eran tres palabras de una oración. ¡Fue horrible! Ya después nos reímos, pero ni Montoya ni Rochi se van a olvidar nunca de esa entrevista. Lo bueno es que ninguno de los que estábamos ahí entendíamos nada.

También hacían entrevistas con personajes muy relevantes…

Trabajaba siempre con temas actuales y Félix [de Bedout] siempre fue superexigente. Haber trabajado con él marcó mi carrera y mi nivel de trabajo, porque él pedía siempre los personajes más top: hablamos con Nairo Quintana, con el escritor Philip Roth, con Michael Slovis, que fue uno de los directores de Game of Thrones, con el vicepresidente de la Fifa en esa época, y con Roberto Carlos, el futbolista brasileño. Y con Montoya y Rochi a Alessandra Ambrosio, la modelo de Victoria’s Secret; a José Feliciano, y a Stewart Copeland, de la banda The Police. Pero fueron muchísimos más, solo que uno no se acuerda: gente de la cultura, músicos, deportistas…

¿Le gusta el deporte?

Me encanta el tenis, pero solo veo los partidos importantes, por ejemplo, cuando hay un Grand Slam; también veo la Champions League. Pero lo que me gusta es hacer ejercicio: hago spinning, estoy pensando en comprar una bicicleta para salir a hacer ruta y últimamente estoy en un entrenamiento funcional con boxeo que hago con AlexFitbox. Para mí, el deporte siempre tiene que estar acompañado de una buena alimentación, por eso me asesoro con Doncone Comebien. También estoy volviendo a jugar tenis: de chiquita jugaba y llegué a estar en campeonatos nacionales, pero más grande dejé de entrenar y hasta ahora lo estoy recuperando. Y otra cosa que jugué de chiquita fue golf: a mi papá le encanta, siempre hubo un putting green en el patio de mi casa donde practicaba él y hacía torneos con los amigos, y siempre quiso meterme a su deporte, pero me salí apenas tuve autonomía, como a los trece años. Creo que le rompí un poquito el corazón [risas].

Volvamos a la emisora. Después de trabajar en las tardes, finalmente llega al noticiero de la mañana, con Julio Sánchez Cristo.

Yo me salí un tiempo para seguir haciendo cursos de presentación de televisión, pero unos meses después me llamó Julio y me propuso hacer parte de su equipo de trabajo. ¿Cómo iba a decir que no? Yo estaba feliz porque se trataba de aprender con los grandes, como Julio, pero también con Juan Pablo Calvás, que es un periodista demasiado crac; con Alberto [Casas], con Félix, con Rafael Manzano, y en ese momento con Camila [Zuluaga], a quien admiro un montón.

Lleva dos años trabajando por las mañanas en La W. ¿Todavía siente adrenalina cuando le abren los micrófonos?

Sí. Es superbacano. A mí, todo lo que me gusta me da nervios, pero uno ya entra con más confianza. Al principio me pasaba mucho que Julio me preguntaba algo al aire y yo no había preguntado eso, o sea, me corchaba; pero uno va aprendiendo cómo tiene que preguntarlo todo, todo, todo. Y si no sabes, hay que buscar rápido en el computador y tener la respuesta. La adrenalina es mucha y a veces estás afuera, no tienes algo listo y mientras vas hacia la cabina tienes que entender todo y tenerlo cuadrado.

 ¿Se siente orgullosa de todo ese trabajo?

Da mucha satisfacción poder ayudar a la gente que está pasando por momentos complicados. En todos esos casos hay que poner el dedo en la llaga y hay que investigar para sacarlo a la luz; pero uno tiene que tener claro que el periodista no es el juez. Lo único que se puede hacer es publicar todos los lados de las historias y contrastar antes para comprobar la información. Eso es más o menos lo que hago: hay historias que trascienden, otras no, pero en un país como este siempre hay mucho para investigar.

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